26.2.11

(:

Acabó de subir a trompicones la escalera y miró a su alrededor embelesada. Hacia tantos años que no visitaba ese lugar, tantos recuerdos, tantos rincones que escondían tantas historias.. Los rayos del sol se filtraban por las rendijas de la maltrecha madera. Las telarañas estaban por doquier, el polvo era ya una masa compacta que bien podría tener ya vida propia.
Julia recordó las tardes que pasaba allí cuando era tan sólo una niña. Perdía la noción del tiempo rebuscando entre tanto trasto que ya no servía a nadie. Pero todo lo que allí había tenía memoria, y a ella le gustaba buscarles sentido, ponerles nombre, crearles una historia, quizás no tan desacertada comparada con la realidad.
Se acercó a uno de los rincones de la buhardilla y se sentó en el polvoriento suelo, cruzando las piernas. Con cierta reserva alargó la mano hacia unos viejos libros y comenzó su exploración. Echaba de menos aquel antiguo ritual, superó su conmoción y fue llenándose de valor. Pronto estaba explorando un viejo baúl, con la emoción a flor de piel, ajena al avance de la tarde.
-       -   Quizás esto te sirva de ayuda.
Sorprendida levantó la vista de un viejo álbum y entrecerró los ojos ante el resplandor de un candelabro igual de polvoriento que todo lo demás. No se había dado cuenta de que el cuarto estaba en penumbra y que estaba forzando la vista demasiado. Pablo le sonrió desde arriba y tomó asiento a su lado sin decir palabra. Miró por encima del hombro de ella el viejo álbum, tras lo que él también se dispuso a rebuscar entre los viejos recuerdos, relatándole gran parte de la verdadera identidad de aquellos objetos abandonados a la suerte del tiempo. Julia se sorprendió a sí misma escuchando aquellas historias tan cercanas a él y se dio cuenta con pesar que la diferencia de edad era en realidad un gran abismo entre ellos dos. A la luz mortecina del candelabro observó las arrugas que comenzaban a surcar el rostro de él y sintió el impulso de acariciarle las mejillas, de borrarle esa tristeza tan profunda de sus ojos a pesar de la sonrisa que permanecía siempre en sus labios.
Mientras él contaba feliz sus batallitas ella no pudo contener el impulso de acercársele y plantarle un beso cerca de su comisura derecha. Él, sorprendido al principio, acabó por curvar aún más ésta hacia arriba.

1 comentario:

Laali (: dijo...

Muy lindo tu blog, Te sigo.
Un besito lindaa :)