24.10.10

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No, desde luego. Por mucho que busque no me encuentro posible solución. La rutina me lo ha vuelto a poner todo patas arriba, porque resultó ser de todo menos rutina, supongo.
Sigo inundada, para qué mentirte, y esta vez la culpa sí es mía.  Me gustaría ser menos consciente de las cosas, demasiada intuición, maldita sea. ¿Explicaciones? ¿Para qué? Si son las mismas de siempre, pronunciarlas en voz alta no nos ayuda a ninguno. No soy persona de descubrir mis trapos sucios, me gustaría hacerlo si eso serviría para algo, pero sé que no. El caso es que seguir escondiéndolos tampoco es de ayuda. 
Quiero pulsar el botón de la pausa. Me molesta que todo se siga sucediendo y yo siga sin poder tomar el conrol de las cosas, al menos de las mías. Me irrita sentirme insegura respecto a todo.
Demasiado carácter dicen que tengo, ¿pues dónde está que no lo veo? Ah sí, tendido en el balcón con las demás cosas que pude salvar de la inundación. El problema es que con el frío están tardando demasiado en secarse, y más si no deja de llover. Maldito otoño, con lo que me solías gustar..
Sí, decidido. Necesito un respiro. y que me quede grande si es posible, así no lo echo de menos en un tiempo. Aunque las sobras no sean buenas, las faltas tampoco. Y por estas fechas me falta de todo, así que nada, me voy a poner a fabricarme todo lo que necesito a ver si consigo dar con la receta de la felicidad, aunque sea sólo temporal, que la de "para siempre" dicen que no existe. 
Que le den a la pausa por favor!

5.9.10

Septiembre.

Y llegó, no como queríamos que llegara, pero aquí está, triste y solitario, marcando distancias.
Nuevos cambios, como no, ¿qué sería de mí sin ellos? Debo hacerme a la idea de rehacer mi cuerpo a otra cama, más vieja quizás, de esas en las que los muelles se te pueden clavar hasta el alma, facilitándole el camino al insomnio y a las pesadillas. Y la nueva almohada, demasiado dura para mi gusto, de esas que por mucho que la deformes en unos segundos vuelve a su estado inicial. Incómoda, sobre todo para alguien que duerme de espaldas al mundo.
Al menos tengo la seguridad de que, si alguna vez decides dormir a mi lado, tu huella no quedará grabada en ella y así evitaré falsas e inútiles esperanzas. Esa, a pesar de los múltiples inconvenientes, es una gran ventaja, por lo que me acostumbraré a ella para mi propio bien.
Perdona por mis ausencias, pero a la larga serán lo mejor. He visto que no puedo hacerme con un huequito de tu vida. Ser el pañuelo para tu llanto nunca fue suficiente. Ya no absorbe tus lágrimas y han empezado a inundar mi pequeño mundo. Disculpame, prefiero cerrarte la puerta, al menos hasta que consiga poner en mi vida un poco de orden, limpiar a fondo todos los rincones infectados y sacar las cosas que siempre me han sobrado y ocupado espacio inncesario. Ya veré en qué lugar pueda hacerte un hueco, no te doy garantías ya que carezco de fuerzas para hacer que todo te vaya bien.
No sé que pensar la verdad, hubo demasiado desengaños y vacíos, supongo que lo que hubo nunca fue suficiente, al menos para mí. Veo que el tiempo no me libró de mis propios fantasmas, eso de encerrarlos bajo llave, es un mal método, siempre me lo han dicho. Se me han escapado todos de golpe y están haciendo de las suyas.
Así que, hasta una nueva derrota, como tú mismo dirías. Intentaré encontrar otra manera de solucionarme a mí misma.

30.8.10

Contra las reglas



Miró por tercera vez en diez minutos el gran reloj de pared, testigo mudo de su impaciencia. Se sirvió nervioso otra copa y se hundió en el cómodo sillón de piel. Saboreó despacio la bebida y cerró los ojos intentando relajarse. Arturo era del tipo de personas que tendía a alejar a los demás de sí, sólo para ver si de verdad se iban. Le divertía, simplemente. No tenía problemas para adaptarse a los cambios, y ¿por qué no? a las personas. Y ahora se sentía inquieto, después de tantos años, el método comenzaba a funcionar también con ella. Se le estaba yendo de las manos, y esta vez no lo había previsto. Se tensó en un ataque de furia y lanzó con rabia el vaso contra la pared. Apretó los puños mientras éste se hacía añicos en el suelo, dejando tras de sí unas marcas profundas en la pared, como las que él comenzaba a sentir en sus propias carnes.